
Tu mano derecha sostiene el cigarro. Sobre la muñeca ese tatuaje del Om que te hiciste cuando nos creíamos artistas. Antes de rendirnos, no por falta de ganas sino de talento. Quedaste frustrado sin encontrar algo a qué llamarle //Vocación//.
Una cascada de cenizas proveniente de tu Delicado sin filtro encuentra sepulcro entre las gruesas hebras de la alfombra.
Tu mano izquierda asemeja a un peine, con tus cabellos rubios enredados entre los dedos; consecuencia de esa manía de arrancártelo por mechones y mechones enteros.
Sobre el suelo, avistando las cenizas que, para él, nievan apaciblemente desde ti, el teléfono reposa inquieto y resignado, especulando las posibles razones por las cuales tú podrías serle sordo. Detrás de él, sin saberlo, yacen un frasco vacío y una jeringa goteante. Desde una gota que cae del veneno que ésta derrama, se refleja por un fugaz instante un cuarto cuyas paredes son vestidas por incontables lienzos pálidos, vírgenes, anónimos, macilentos. Bajo de ellos tu cuerpo, con la camisa cubierta de pintura. Asumiré que estabas listo para conciliar en tu cabeza el desperdicio de tanto material, porque sé que te comía vivo la rutina de fracaso. Sé que colgaste esos lienzos en blanco para recordarte que tenías en tu lista de pendientes una vida que te faltaba vivir.
Yo observo acongojado los lienzos, con la impotencia de no saber qué escenarios pudieron haber sido figurados sobre ellos. En el suelo tu cuerpo, que me hace pensar exactamente lo mismo con la misma impotencia. Esa impotencia con la que me imagino tu último cigarro, al entender por qué no contestaste mi última llamada. Por impotencia.
Me siento junto a lo que queda de ti y sé, combinación entre embeleso y morbo, que si esto fuera una pintura, de alguna manera extraña sería hermosa.
Te marqué, lo juro. Te marqué.
Y mientras esa gota cae imagino que estás en el cuarto, conmigo. Imagino que entras y ves mi cuerpo bajo los lienzos que nunca logré utilizar. Veo el teléfono sobre la alfombra e imagino que me llamas arrepentido por no haberme contestado. De la mano donde tengo el tatuaje cuelga mi último cigarro. Congelo en la mente el retrato de esa gota que cae. Este cuadro se vendería por millones.
Tomo uno de tus cigarros- lo enciendo, inhalo, exhalo.
Volteo al suelo mientras lo agito con sutileza, dándole un golpe leve y, por primera vez, puedo ver con toda claridad cómo me convierto en cenizas.
Tomo uno de mis cigarros- lo enciendo, inhalo, exhalo.
Dejo uno para ti, para que cuando encuentres mi cuerpo puedas sentir cómo te conviertes en cenizas.
Decido marcarte antes de comenzar. No contestas.
Entumecido por mi enojo tiro el teléfono al suelo. Me arranco el último mechón de cabello rubio.
Después me inyecto el veneno, aún esperando que llegues al cuarto para apreciar la obra maestra que estoy creando.
Tal vez marques cuando ya no pueda contestar.
Espero que entiendas por qué.
Una gota de veneno cae e imagino que ya estás a mi lado para formar parte del cuadro.
Bajo los lienzos tu cuerpo, con la camisa cubierta de pintura.
Tomo uno de tus cigarros- lo enciendo, inhalo, exhalo.
Volteo al suelo mientras lo agito con sutileza, dándole un golpe leve y, por primera vez, puedo ver con toda claridad cómo me convierto en cenizas.
Cenizas que se quedan para siempre aquí en este cuarto.
Entre las gruesas hebras de la alfombra.